Cápsulas para la salud

Qué es una cápsula de salud?

Cápsula 01:  2021-02-02 Fatiga pandémica

Cápsula 02:  2021-02-25 CÁPSULA_02 Manejo de emociones

Cápsula 03: 2021-04-26 CÁPSULA_03 Vejez, pandemia y soledad

Cápsula 04: 2021-06-10 Cápsula para la salud 04 :Flexibilidad mental

2025-11-27 Cápsula 6: Muchas enfermedades no son enfermedades

2026-02-03 Cápsula 7: Higiene de columna

2026-02-16 Cápsula 8: El adulto mayor resentido: Comprender, no juzgar

2026-03-17 Cápsula 9: Tu escuela

TU ESCUELA

…»En la escuela de la vida, nadie te pregunta si quieres inscribirte. Basta con nacer y ya estás matriculado.
No hay uniformes ni pupitres asignados. Y el curso escolar, nunca termina.
Lo curioso es que, en esta escuela, somos alumnos y profesores.
Donde el gran maestro es el tiempo: ese profesor exigente, paciente y a veces severo. No avisa de los exámenes. Un día te despiertas y ahí está el examen en el pupitre. Y si no has estudiado, no tiene sentido pedir un nuevo examen.
Algunas materias son fáciles:

  • el amor,
  • la amistad,
  • la alegría.
    Otras requieren más esfuerzo:
  • la paciencia,
  • la tolerancia,
  • el perdón.
    También hay materias que preferiríamos NO cursar:
  • El dolor,
  • la pérdida o
  • la soledad,
    pero es a través de ellas que el aprendizaje se profundiza.
    El director de la escuela (muchos llamamos DIOS) tiene una forma muy particular de preparar las clases.
    A veces enseña desde el cariño;
    otras, desde la dificultad.
    Y así acumulamos calificaciones, sin una boleta impresa, pero con un registro invisible en nuestros corazones.
    En el conflicto, aprendemos a valorar la paz.
    En la escasez, descubrimos lo suficiente.
    Al presenciar la injusticia, practicamos la empatía.
    Y en la vida diaria, aprendemos el difícil arte de AMAR AL PRÓJIMO, una lección que algunos repiten durante años, sin llegar a dominarla.
    En esta escuela NO hay vacaciones. No suena la campana para terminar el día. Cada día es una nueva lección.
    Y quizás, el diploma final sea la serenidad de mirar atrás y decir: Aprendí!. Cometí errores, pero aprendí!. Viví la lección hasta el último capítulo.

AUTOR: Tú

2026-05-21 Cápsula 10: Envejecer

“Envejecí a la francesa: sin alarde, sin ruptura, apenas dejando que el tiempo se asentara.

El cuerpo se aprovechó de mi distracción. No sé cuándo decidió envejecer, porque lo hizo de forma silenciosa, casi elegante.

Un día yo era movimiento, urgencia, promesa. Al otro, continuidad. No hubo un aviso claro ni un momento exacto.

El cuerpo fue cambiando mientras la mente seguía intacta, llena de planes, curiosidades y deseos.

Las manos adquirieron historias, el rostro aprendió nuevos mapas, y el espejo empezó a reflejar a alguien que no llegó de repente, sino que fue convirtiéndose. El envejecimiento no llamó a la puerta; entró mientras yo estaba ocupado viviendo.

Hay algo delicado en eso. El cuerpo no traicionó, solo acompañó el tiempo. Se desaceleró donde antes corría, pidió cuidado donde antes exigía fuerza. No perdió dignidad, ganó lenguaje. Cada cambio empezó a comunicar experiencia, no declive.

Envejecer a la francesa es aceptar que el tiempo no necesita ser combatido, sino comprendido.

Es permitir que el cuerpo cambie sin que la esencia se pierda. La mente sigue curiosa, la mirada atenta, el corazón disponible.

El cuerpo envejece, sí, pero lo hace con una elegancia silenciosa, como quien sabe que vivir es transformarse sin pedir permiso.”

(La vejez en la obra de Simone de Beauvoir)

A veces se nos olvida, que somos tan afortunados de haber llegado hasta aquí… a esta edad donde los silencios pesan menos y las verdades pesan más.

Y sí, hemos perdido cosas en el camino, pero la vida también nos dejó 4 LUJOS que no caben en ninguna cartera y que no se compran ni con todo el oro del mundo.

EL PRIMERO LUJO ES LA SALUD. Ese lujo que nunca valoramos cuando lo tenemos a manos llenas !! Antes corríamos, subíamos escaleras, cargábamos bolsas y hasta los achaques eran ajenos. Hoy quizá ya no funcionamos al cien, pero mira nada más  ¡ Seguimos aquí ! Respirando, caminando despacito, tomando el café calentito con las dos manos, y agradeciendo que todavía nos alcanza el cuerpo para disfrutar lo que queda. Aunque sea poquito, aunque algunas piezas ya truenen,… la salud es un lujo que se celebra cada mañana.

EL SEGUNDO LUJO LA PAZ. Ese regalo que solo llega cuando uno ya peleó lo que tenía que pelear, cuando lloró lo que tenía que llorar y cuando entendió que no todo está en nuestras manos. La paz es ese respiro profundo que te dice: “hiciste lo que pudiste, lo que te alcanzó, lo que tu corazón creyó correcto”  y dormir tranquilo, sin cuentas pendientes con el alma, esa sí que es riqueza pura.

EL TERCER LUJO LA SABIDURÍA. La de verdad, no la que se presume con títulos colgados en la pared. Hablo de la sabiduría que se gana a golpes, a fuerza de caídas, de pérdidas, de amores que se fueron y días que parecían no terminar nunca. La sabiduría que te enseña a leer la vida aunque no tengas un solo libro abierto. La que te dice cuándo quedarte, cuándo irte y cuándo guardar silencio. Esa sabiduría que nadie te enseñó… pero que la vida te obligó a aprender.

 Y EL CUARTO LUJO LA FAMILIA. La que te tocó o la que tú mismo formaste con cariño, con esfuerzo, con errores y aciertos. A veces no es perfecta, a veces no es de sangre, a veces es pequeña, remendada, diferente… pero es familia. Y quien ha tenido aunque sea un pedacito de amor verdadero sabe que eso también es un lujo que no todos conocen. Así que hoy abrázate fuerte. Porque quizá no tengamos los cuatro lujos completitos, quizá alguno cojee, quizá otro nos falte… pero si al menos uno de ellos sigue vivo en nuestra vida, ya somos más ricos que muchos. Disfrútalos! Porque llegar a esta edad ya es un privilegio y vivirla con conciencia, con gratitud y con amor, es el lujo más grande de todos.

2026-08-26 Cápsula 11: Y tuve que aceptar..

Escrito por Silvia Schmit, pensadora y Parlamentaria Alemana.

Y TUVE QUE ACEPTAR…

     Que No sé Nada  
     Del Tiempo…
     Que es un misterio
     Para Mí
     Y que No comprendo  
     La Eternidad.

Yo tuve que aceptar,

   Que mi cuerpo
   No sería inmortal
   Que él envejecería
   Y un día se acabaría.

Que estamos hechos
de,

Recuerdos y olvidos;
Deseos, Memorias,
Residuos, ruidos,
Susurros, silencios,
Días y noches,
Pequeñas historias
Y sutiles detalles.

Tuve que aceptar que,

    Todo es pasajero
    Transitorio.

Y tuve que aceptar,

   Que vine al Mundo
   Para hacer algo por él,
   Para tratar de dar
   Lo Mejor de Mí
   Para dejar
   Rastros Positivos
   De mis pasos
   Antes de partir.

Yo tuve que aceptar,

   Que Mis Padres
   No durarían Siempre
   Y que Mis Hijos
   Poco a poco.    
   Escogerían su camino y
   Seguirían ese camino
   Sin Mí.

y tuve que aceptar,

   Que Ellos
   No eran míos,
   Como suponía, y que
   La Libertad de ir y venir
   Es también
   Un Derecho Suyo.

Yo tuve que aceptar,

  Que Todos mis bienes
  Me fueron 
  Confiados en préstamo,
  Que No me pertenecían
  Y que eran tan fugaces
  Como fugaz era
  Mi Propia Existencia
  En la Tierra.

Y tuve que aceptar que,

  Los bienes quedarían
  Para uso de 
  Otras personas
  Cuando Yo,
  Ya No esté por aquí.

Yo tuve que aceptar,

   Que barrer mi acera
   Todos los días
   No me daba garantía
   De que era
   Propiedad mía
   Y que barrerla
   Con tanta Constancia
   Sólo era una 
   Fútil ilusión
   De poseerla.

Yo tuve que aceptar,

   Que lo que llamaba
  “Mi casa” era sólo
   Un techo temporal
   Que un día más,
   Un día menos
   Sería el abrigo terrenal
   De otra Familia.

y tuve que aceptar que,

 Mi apego a las cosas,
 Sólo haría más penosa
 Mi despedida
 Y mi partida.

Yo tuve que aceptar,

  Que los animales
  Que quiero y 
  Los árboles que planté,
  Mis flores y mis aves
  Eran mortales.

Ellos,

  No me pertenecían
  Fue difícil pero
  Tuve que Aceptarlo.

Yo tuve que aceptar,

  Mis fragilidades,
  Mis limitaciones y
  Mi condición
  De ser mortal,
  De ser efímero.

Yo tuve que aceptar,

  Que la Vida
  Continuaría sin Mí
  Y que
  Al cabo de un Tiempo
  Me olvidarían.

Humildemente confieso,

  Que tuve que librar
  Muchas batallas
  Para aceptarlo.

y tuve que aceptar que,

  No sé Nada del Tiempo
  Que es
  Un misterio para Mí.

Que No comprendo,

  La Eternidad y que
  Nada sabemos
  Sobre Ella

Tantas

   ¡Palabras escritas
   Tanta necesidad de
   Explicar, 
   Entender y
   Comprender este
   Mundo y la Vida
  Que en él Vivimos!

Pero

    Me rendí y 
    Acepté lo que tenía 
    Que aceptar
    Y así dejé de sufrir.

Deseché,

      Mi orgullo y
      Mi prepotencia
      Y admití que
      La Naturaleza
      Trata a Todos
      De la misma manera,
      Sin favoritismos.

Yo tuve que,

    Desarmarme
    Y abrir mis brazos
    Para reconocer
    La Vida como es.

Reconocer que,

  Todo es transitorio 
  Y que funciona
  Mientras estemos
  Aquí en la Tierra.

     ¡Eso me hizo 
     Reflexionar
     Y Aceptar,
     Y así alcanzar
     La Paz tan soñada!

Que esta

REFLEXIÓN LLEGUE A
LO MÁS PROFUNDO
DE TU CORAZÓN,
Y QUE SE TRANSFORME
EN CARIDAD Y
FRATERNIDAD
QUE TE LLENE DE AMOR
Y SEAS UN SER CON LUZ
PROPIA PERO SIN
OLVIDAR A TUS
SERES QUERIDOS.

 UN GRAN ABRAZO
DESDE MI CORAZÓN
        AL TUYO.

 “La Vida"